NOURISHING VOCATIONS IS A RESPONSIBILITY AND A BLESSING WE ALL SHARE AS THE ONE BODY OF CHRIST

Dear Brothers and Sisters in Christ,

This weekend, we continue our Discipleship of Vocations, in which we ask young, single men and women to consider whether the Lord is calling them to a vocation to the religious life by becoming a priest, deacon, or sister. I have been   always struck by the words of St. John Bosco, the founder of the Salesians: “God calls 70% of the boys to become priests, but very few of them listen to the call, because very few of us make the call.” In our Baptism, we have received the gift to give our lives united with Christ. With Him, our life becomes a gift to others. With that in mind, we asked you last week to think of and pray about a person in our parish you think God may be calling to the religious life and nominate them during Mass this weekend. Those of you who were nominated will hear from me soon. Many of us don’t initially hear or consider that calling, and sometimes it takes somebody else pointing it out to us for us to begin discerning God’s will for us in our lives. It is truly a blessing when someone who knows us sees something we don’t see and invites us to accept the Lord’s invitation to follow Him. It is a testament of the important roles we all play, as His Church, the One Body of Christ, in nourishing vocations. During the 2015 World Day of Prayer for Vocations, Pope Francis referred to the Church as the Mother of Vocations: 

“Vocations are born within the Church. From the moment a vocation begins to become evident, it is necessary to have an adequate “sense” of the Church. No one is called exclusively for a particular region, or for a group or for an ecclesial movement, but rather for the Church and for the world. “A sure sign of the authenticity of a charism is its ecclesial character, its ability to be integrated harmoniously into the life of God’s holy and faithful people for the good of all” (ibid., 130). In responding to God’s call, young people see their own ecclesial horizon expand; they are able to consider various charisms and to  undertake a more objective discernment. In this way, the community becomes the home and the family where vocations are born. Candidates gratefully contemplate this mediation of the community as an essential element for their future. They learn to know and to love their brothers and sisters who pursue paths different from their own; and these bonds strengthen in everyone the communion which they share.

Vocations grow within the Church. In the course of formation, candidates for various vocations need to grow in their knowledge of the ecclesial community, overcoming the limited perspectives that we all have at the beginning. To that end, it is helpful to undertake some apostolic experience together with other members of the community, for example: in the company of a good catechist, to communicate the Christian message; together with a religious community, to experience the evangelization of the peripheries sharing in the life of the cloister, to discover the treasure of contemplation; in contact with missionaries, to know more closely the mission ad gentes; and in the company of diocesan priests, to deepen one’s experience of pastoral life in the parish and in the diocese. For those who are already in formation, the ecclesial community always remains the fundamental formational environment, towards which one should feel a sense of gratitude.

Vocations are sustained by the Church. After definitive commitment, our vocational journey within the Church does not come to an end, but it continues in our willingness to serve, our perseverance and our ongoing formation. The one who has consecrated his life to the Lord is willing to serve the Church wherever it has need. The mission of Paul and Barnabas is a good example of this readiness to serve the Church. Sent on mission by the Holy Spirit and by the community of Antioch (cf. Acts 13, 1-4), they returned to that same community and described what the Lord had worked through them (cf. 14: 27).  Missionaries are accompanied and sustained by the Christian community, which always remains a vital point of reference, just as a visible homeland offers security to all who are on pilgrimage towards eternal life” (From the Vatican, 29 November 2015).

Now we pray for the nominees and for ourselves. God has given each of us a vocation. We are called to first and foremost be a Christian, and we fulfill that vocation in different ways. Let’s pray that He gives us the grace to carry it out as He desires.  

In Christ,

Father Felix P. Medina-Algaba

 

EL NUTRIR VOCATIONES ES UNA RESPONSABILIDAD Y UNA BENDICION QUE TODOS COMPARTIMOS COMO UN SOLO CUERPO DE CRISTO 

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo, 

Este fin de semana, continuamos nuestro Discipulado de Vocaciones, en el que le pediremos a hombres y mujeres solteros el considerar si el Señor los está  llamando a una vocación a la vida religiosa al convertirse en sacerdote, diacono y hermana. Siempre me han impresionado las palabras de San Juan Bosco, el fundador de los Salesianos: "Dios llama al 70% de los jóvenes a ser sacerdotes, pero muy pocos escuchan la llamada, porque muy pocos de nosotros hacemos la llamada". En nuestro Bautismo, hemos recibido el don de dar nuestras vidas unidas con Cristo. Con Él, nuestra vida se convierte en un regalo para los demás. Con eso en mente, les pedimos la semana   pasada que pensaran y oraran acerca de una persona en nuestra parroquia que ustedes piensan que Dios puede estar llamando a la vida religiosa y nominarlos durante la misa este fin de semana. Aquellos que fueron nominados recibirán correspondencia de mi parte pronto. Muchos de nosotros inicialmente no escuchan o consideran ese llamado, y a veces necesitamos que alguien nos ayude y nos de ese empujón para que comencemos a discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas. En realidad es una bendición cuando alguien que nos conoce ven algo en nosotros que nosotros no vemos y nos invita a aceptar la invitación del Señor a seguirlo. Es la señal del papel tan importante que todos tenemos en nutrir vocaciones. Durante el Día Mundial de Oración para las vocaciones del 2015, el Papa Francisco llamo a la Iglesia la Madre de las vocaciones: 

La vocación nace en la Iglesia. Desde el nacimiento de una vocación es necesario un adecuado «sentido» de Iglesia. Nadie es llamado exclusivamente para una región, ni para un grupo o movimiento eclesial, sino al servicio de la Iglesia y del mundo. Un signo claro de la autenticidad de un carisma es su eclesialidad, su capacidad para integrarse armónicamente en la vida del santo Pueblo fiel de Dios para el bien de todos (ibíd., 130). Respondiendo a la llamada de Dios, el joven ve cómo se amplía el  horizonte eclesial, puede considerar los diferentes carismas y vocaciones y alcanzar así un discernimiento más objetivo. La comunidad se convierte de este modo en el hogar y la familia en la que nace la vocación. El candidato contempla agradecido esta mediación comunitaria como un elemento irrenunciable para su futuro. Aprende a conocer y a amar a otros hermanos y hermanas que recorren diversos caminos; y estos vínculos fortalecen en todos la comunión.

La vocación crece en la Iglesia. Durante el proceso formativo, los candidatos a las distintas vocaciones necesitan conocer mejor la comunidad eclesial, superando las percepciones limitadas que todos tenemos al principio. Para ello, es oportuno realizar experiencias apostólicas junto a otros miembros de la comunidad, por ejemplo: comunicar el mensaje evangélico junto a un buen catequista; experimentar la evangelización de las periferias con una comunidad religiosa; descubrir y apreciar el tesoro de la contemplación compartiendo la vida de clausura; conocer mejor la misión ad gentes por el contacto con los profundizar en la experiencia de la pastoral en la parroquia y en la diócesis con los sacerdotes diocesanos. Para quienes ya están en formación, la comunidad cristiana permanece siempre como el ámbito educativo fundamental, ante la cual experimentan gratitud. 

La vocación está sostenida por la Iglesia. Después del compromiso definitivo, el camino vocacional en la Iglesia no termina, continúa en la disponibilidad para el servicio, en la perseverancia y en la formación permanente. Quien ha consagrado su vida al Señor está dispuesto a servir a la Iglesia donde esta le necesite. La misión de Pablo y Bernabé es un ejemplo de esta disponibilidad eclesial. Enviados por el Espíritu Santo desde la comunidad de Antioquía a una misión (Hch 13,1-4), volvieron a la comunidad y compartieron lo que el Señor había realizado por medio de ellos (Hch 14,27). Los misioneros están acompañados y sostenidos por la comunidad cristiana, que continúa siendo para ellos un referente vital, como la patria visible que da seguridad a quienes peregrinan hacia la vida eterna" (Vaticano, 29 de noviembre de 2015).

Ahora oramos por los nominados y por nosotros mismos. Dios nos ha dado a cada uno de nosotros una vocación. Estamos llamados a ser en primer lugar cristianos, y cumplimos esa vocación de diferentes maneras. Oremos para que Él nos dé la gracia de llevarla a cabo como Él desea.

En Cristo,

Padre Félix P. Medina-Algaba